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Mi experiencia en el programa de Responsabilidad Social Corporativa de Harvard

La semana pasada viajé a Boston para realizar el programa “Corporate Social Responsibility: Strategies to Create Business and Social Value” de Harvard Business School y antes de que la memoria me traicioné les cuento un poco mis impresiones.

Luego de hacer en Argentina varios programas de educación ejecutiva en Responsabilidad Social Empresaria y Sostenibilidad (en CAECE y Di Tella) estaba con muchas ganas de seguir formándome en el tema y cuando vi el programa de CSR de Harvard apliqué casi sin pensarlo y con pocas esperanzas de que me acepten… pero al día me habían aceptado y organizé todo rapidísimo para ir. Si tienen dudas sobre si estos programas de educación ejecutiva son para ustedes no lo piensen demasiado, simplemente apliquen y luego vean que pasa… funcionó muy bien en mi caso.

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Foto de Bea Perez

Dejando de lado detalles de color como la buena organización y la hermosura del campus, el programa de CSR empezó en realidad algunas semanas antes cuando nos enviaron los casos de estudio y hubo que ponerse a estudiar. Entre los casos que estudiamos estuvieron:

Los casos sirven como disparadores del debate sobre CSR y son donde quizás más se aprende gracias a profesores increíbles como Kash Rangan, Amy EdmondsonMichael Toffel y “Dutch” Leonard que de verdad saben llevar la discusión a donde más provecho se saca dejando (un poco) de lado debates particulares de cada industria o empresa. También tuvimos una clase con Rosabeth Moss Kanter sobre su libro Super Corp: How Vanguard Companies Create Innovation, Profits, Growth, and Social Good.

En cuanto a la teoría, lo más interesante fue el paper de Michael E. Porter y Mark R. Kramer “Strategy and Society: The Link Between Competitive Advantage and Corporate Social Responsibility“. El artículo rechaza las estrategias de CSR fragmentadas y desconectadas del negocio central de la empresa (basadas en conceptos como filantropía, obligación moral, sustentabilidad, licencia para operar y reputación) y pide un acercamiento integral que busque las conexiones entre sociedad y empresa creando una dimensión social en la propuesta de valor empresarial que aproveche el contexto competitivo de la compañía. “Typically the more closely tied a social issue is to a company’s business, the greater the opportunity to leverage the firm’s resources—and benefit society”. Más cerca en el tiempo, el mismo Porter habla de Creating Shared Value, “which involves creating economic value in a way that also creates value for society by addressing its needs and challenges. Businesses must reconnect company success with social progress. Shared value is not social responsibility, philanthropy, or even sustainability, but a new way to achieve economic success”.

Otro paper muy interesante a nivel teoría es el de Kash Rangan “The Truth About CSR” que divide las estrategias de Responsabilidad Social Corporativa en 3 etapas:

  • Theater 1: Enfocándose en Filantropía con programas que no están enfocados en generar ganancias o mejorar la performance del negocio con lo cual dependen de que el ejecutivo de turno mantenga el interés en poner los fondos y no van a generar un impacto a largo plazo.
  • Theater 2: mejorando la efectividad operacional con programas que funcionan dentro del modelo de negocios existente brindando mejoras ambientales o sociales a través de la cadena de valor de la empresa pero no siempre impactan en el negocio.
  • Theater 3: transformando el modelo de negocio con programas que específicamente crean nuevas formas de negocio resolviendo desafíos sociales o ambientales. Al estar integrados en el negocio y brindar ganancias, pueden ser sostenidos en el tiempo y generan un impacto mayor y a largo plazo en la sociedad o el medio ambiente.

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Los distintos programas de CSR de las empresas que caen en estas cajas teóricas pueden ir mutando e influenciando a los otros programas por ejemplo dejando de hacer filantropía para pasar a hacer una filantropía más estratégica para la industria de la empresa o el negocio, o pasando de tener un programa estratégico de CSR con respecto a la cadena de valor que evoluciona hacia una re-ingeniería del negocio en la cadena de valor con impacto social y/o ambiental. Idealmente, hay que llevar los programas de CSR hasta el Theater 3 para que transformen la cadena de valor y el negocio en su totalidad. Una vez que esto pase, no hacen falta departamentos de CSR sino que la sustentabilidad ya será parte del día a día del negocio de la empresa.

La verdad, fue una experiencia increíble no solo por el contenido y los profesores sino también por los participantes que también aportaron al debate toda su experiencia y resultó un grupo espectacular. Lo único que tengo para reprochar, es que el programa no duró más tiempo!

 

 

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Liderazgo para el cambio social

“La labor de liderazgo para el cambio social consiste en despertar a la comunidad para que sea consciente de su propia fortaleza, a pesar de la escasez que la rodea. Cuando, en medio de la escasez, los miembros de la comunidad ven y sienten la abundancia que tienen, son capaces de movilizar su energía colectiva para cambiar su vida”.

Fragmento del Paper de Sonia Ospina, profesora de la R.F Wagner Graduate School of Public Service, la escuela de gestión y políticas públicas en New York University: “Liderazgo para el Cambio Social – Contribuciones para la teoría contemporánea sobre el liderazgo como construcción social” (pdf).

El legado de Manu Ginobili

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“No me importa el legado, no me importa el pasado, no me importa lo que van a decir de mí. Somos todos muy irrelevantes en este mundo. En 20 años se olvidaron todos. Y si no son 20, son 80. Me importa mañana. Volver a ganar y sentir lo que sentí cada vez que lo logré acá o con la selección”

Vía La Nación

Cuando el modelo de negocios es la confianza

Después de escribir sobre Monedas complementarias y el futuro del dinero quedé interesado en el tema y, en ese sentido, me da mucha satisfacción lo que está tratando de hacer la gente de Kwedit: un sistema de pago alternativo para juegos sociales y otros productos virtuales que te permite hacer la promesa de pagar luego sin ningún tipo de represalia si no lo haces más allá de eliminarte del sistema.

La compañía se tiró a la pileta en febrero sin saber cuanta gente de verdad iba a pagarles el préstamo pero hasta el momento un 33% de los dólares fueron pagados de vuelta con ese porcentaje creciendo (en febrero era 26%) ya que la gente confiable se queda en el sistema mientras que van descartando a los que no pagan. De las segundas promesas el 72% son pagadas y el número sube mientras suben la cantidad de promesas.

El modelo de Kwedit puede funcionar por sus alianzas con publishers ya que la mayoría de sus usuarios no habían utilizado otro sistema de pago antes así que puede ser bueno por ejemplo para una empresa de juegos para enganchar nuevos jugadores a los beneficios de adquirir servicios premium.

Hoy en el suplemento económico de La Nación veo otro ejemplo que va en esa dirección de confianza pero desde algo mucho más humilde como la venta de libros usados: un librero de La Plata, Oscar Gallicchio de 62 años, creó su propia hippie card donde entrega a sus clientes los libros sin pedirles ninguna identificación y simplemente confía en que volverán a pagarle en algún momento. “Si vos te llevás un libro, yo no te pregunto cómo te llamás o dónde vivís. La confianza no requiere datos“, afirma y nos deja pensando.

Enjuagando en verde

Hablar de sustentabilidad en lugar de insustentabiliad ya es en sí mismo un modo de acomodación que mira lo poco que hacemos en la dirección correcta y se niega a considerar lo mucho que seguimos haciendo en dirección a la catástrofe ambiental. Es que el intenso uso de la palabra “sustentable” sirve para desplazar la palabra que mejor describe la realidad de nuestras prácticas: “insustentabilidad”. En un acto de autocompasión, la sociedad se inclina a rotular como ecológicas cada vez más cosas que no tienen méritos suficientes para ello. Deberíamos considerar en qué medida esos dudosos rótulos de sustentabilidad con que se revisten tantos productos y conductas abiertamente insustentables tienen por objeto acallar nuestra mala conciencia, para permitirnos continuar por el camino del consumo sin medida, estimulando la economía, pero también la destrucción de nuestro medio ambiente con menos culpa y más entusiasmo.

Insustentabilidad y greenwashing, genial artículo de Fernando Diez en La Nación donde explica nuestra hipocresía de comprar productos sin culpa con el rótulo de ecológicos (“La etiqueta de ecológico se aplica, así, en forma irracional, demagógica o absurda a cualquier producto, por lo que confunden al público sin que el Estado intervenga para regular el uso de estos términos”) en un fenómeno que en las empresas se conoce como greenwashing y que se aplica hasta en las industrias más contaminantes del planeta como pueden ser las 4X4 que consumen el doble de nafta pero pudieron esquivar las leyes ambientales de USA sólo porque las calificaron como “sports utility vehicles”.

“Todos eramos sospechosos”, una (no tan) vieja entrevista a mi abuela

Antes de que terminé el Día de la Memoria me acordé que cuando arrancaba en mi carrera de periodista (de hecho eso es parte de uno de los primeros ejercicios que me dieron para hacer en la facultad) entrevisté a mi abuela para que me cuente su historia durante la dictadura. Tengan en cuenta que esto se hizo a principios de 2006:

Maria Elena Gómez tenía 43 años cuando el general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Ramón Agosti, derrocaron al gobierno de Isabel Perón e instauraron el llamado Proceso de Reorganización Nacional.
Nacida en una familia de clase baja o pobre, vivió su infancia en el barrio porteño de Villa Devoto y después de finalizar la secundaria se casó y tuvo dos hijos: Gustavo y Silvia.
Gustavo, el primer hijo de su matrimonio, iba a la Universidad de Buenos Aires cuando la dictadura tomó el control de la Argentina. Maria Elena tuvo que mandar al exilio a su hijo cuando el mejor amigo de él fue secuestrado y torturado frente a sus padres. Luego de otros sucesos trágicos, Gustavo sufrió una crisis psicológica y nunca volvió a ser el mismo.

¿Qué piensa de la juventud revolucionaria?

Su objetivo era querer cambiar el mundo, los objetivos que tenían no eran malos, eran los objetivos que deberíamos tener todos. Lamentablemente los que los dirigían tenían otros objetivos, objetivos escondidos, mandaban al frente a los chicos. Ellos todavía siguen vivos, con dinero y disfrutando de la vida.

¿De qué manera estaba involucrado su hijo en esa juventud?

Él estudiaba arquitectura de noche en la facultad y no sé a qué lo obligaban y qué banda lo obligaba; si no se aliaba a ninguna banda lo trataban mal. Por eso tuvo una crisis y dejó la facultad. Esa crisis lo llevó a que fuera en realidad un muerto en vida, vive pero atado a ese pasado; lo que los médicos llamarían un estado de miedo constante. Ha tenido parientes y compañeros desaparecidos y todavía vive soñando con ellos. A mí también me ha dejado miedos.

¿Como te enteraste de lo que estaba haciendo la dictadura?

Me enteré porque hacía un taller de literatura en una librería, y los dueños de esa librería tenían información directa de Europa, sobre todo de España. Por los datos que venían y se comentaban, nos trataban de locas, porque decían no podía ser que tiraran gente al río, que hacían secuestros o que tomaban casas. Toda esa información acá no se sabía o lo que se sabía era muy poco lo que se sabía. Yo lo supe mucho tiempo antes de que se conociera a nivel general.

¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?

Influyó bastante, porque no salía, las comisarías estaban a oscuras y, si uno andaba a ciertas horas por las calles y tenía una actitud evasiva o diferente, aparecían coches con gente armada y nos paraban sin saber qué estábamos haciendo, todos éramos sospechosos. Afectó en cuanto a tener más cuidado con mis hijos, a no dejarlos salir, a estar atenta y mirar por las ventanas, a escuchar casi siempre ruidos extraños, a pesar de que donde yo vivía no habían muchas cosas raras.

¿Qué le decía la gente cuando usted le contaba lo que estaba pasando?

En realidad yo sólo le contaba al grupo que tenía alrededor, y me decían que estaba loca, que del exterior venía cualquier cosa. Acá festejaban el fútbol , todos salían a la calle. Incluso creo que hasta salí yo a la calle a festejar, negándome a mí misma lo que estaba pasando.

¿Cómo vivió la guerra de las islas Malvinas?

A nivel cotidiano, a nivel de ama de casa, yo veía en las verdulerías carteles con chistes sobre los ingleses. Me parecía una locura lo que se hacía, lo que decían esos chistes, porque no podía creer que la gente fuera tan idiota de pensar que nosotros le podíamos ganar a los ingleses con toda la preparación que ellos tenían. Otra cosa muy triste en nuestra vida.

Actualmente, ¿Qué piensa de la política de derechos humanos que está llevando a cabo el gobierno de Néstor Kirchner?

En realidad no opino nada porque sé muy poco y no sé las intenciones que tiene. Leo solamente los títulos de los diarios y no me inmiscuyo; no sé que intenciones tiene, realmente no lo sé. Hay mucha inseguridad y ellos la niegan, cosa que nos pasa a casi todos, a mí me ha pasado. Y si ellos niegan la inseguridad, pueden negar cualquier cosa.

Porqué la dictadura nos marcó para toda la historia