Las grandes empresas del mundo son las que más se beneficiaron de la globalización y el libre mercado, ampliando su capacidad financiera y llegando a todos los rincones del mundo con su cadena de valor. Por ese motivo, también pueden marcar una diferencia en el combate contra el cambio climático y son, sobre todo, necesarias para propulsar una transición hacia una economía baja en carbono y, un desacople entre emisiones y crecimiento.

Pero para eso, es necesario analizar e incorporar a las empresas cómo actores sociales clave y empezar a desarrollar un framing adecuado que les sirva tanto a los accionistas para entender las implicancias del cambio climático en las compañías donde ponen su capital, como a los CEOs para ayudarlos a tomar las decisiones estratégicas que concreten la transformación necesaria.

Resultará efectivo dejar de enfocarse solo en los comportamientos de las personas o en el rol de los gobiernos para tener una visión más holística que incorpore a las empresas y aproveche su capacidad de generar cambios a escala global.

En búsqueda de un framing atractivo para las empresas
Las empresas son actores sociales fundamentales en el mundo globalizado de hoy, donde muchas multinacionales tienen presencia en decenas de países y capacidad financiera mayor que la mayoría de estos. Al mismo tiempo, no se puede dejar de lado la capacidad de influencia de los actores corporativos en la definición de políticas públicas, las negociaciones internacionales y el desarrollo de mercados.

Por eso, se requiere analizar cuál puede ser el mejor framing que se adapte a las visiones de las empresas y pueda cambiar sus estructuras conceptuales (muchas veces inconscientes). En su paper “Climate for Change, or How to Create a Green Modernity?”, Ulrich Beck asegura: “si el medio ambiente sólo incluye todo lo que no es humano, no social, entonces el concepto está sociológicamente vacío. Si el concepto incluye solo la acción humana y la sociedad, entonces está equivocado científicamente y es políticamente suicida”. A esa frase, es necesario incorporar que también es suicida no incorporar a las empresas como uno de los principales actores sociales de la actualidad, en muchos casos con mayor poder real y alcance global incluso que los estados nacionales.

Beck destaca que “no es el medio ambiente sino la sociedad moderna en sí misma la que está siendo transformada por las consecuencias nunca vistas del apetito insaciable por los recursos naturales”. Y, nuevamente, las empresas son fundamentales dentro de esa “sociedad moderna” que debe enfrentarse a un desafío tan complejo como el cambio climático. Mientras seguimos esperando por una toma de la Bastilla climática que no sucede, sería muy efectivo enfocar el framing en cómo lograr cambios en las conductas corporativas.

Puede ser difícil para las personas comunes enfocarse y militar contra el cambio climático cuando tienen otros asuntos más urgentes de qué ocuparse (y está el riesgo de que los impactos del cambio climático en seguridad alimentaria y desastres naturales terminen afectando la agenda hacia un público que se preocupe más por las necesidades urgentes) pero las empresas van a ser muy afectadas en sus ganancias y deben liderar el cambio por su propio interés. La agenda de las empresas puede virar para que dejen de estar asociadas a un pasado de daño medioambiental y de crecimiento sin límites con un futuro de creación de una nueva economía verde y un desarrollo pensado desde el bienestar más que desde el crecimiento.

El sector corporativo tiene que estar involucrado en los diálogos globales acerca del futuro del desarrollo que se van a potenciar con el cambio climático así como mostrar acciones concretas de reacción frente a los conflictos locales y ambientales que se generarán. No se puede alcanzar una “modernidad alternativa”, como plantea Beck en su séptima tesis, sin que las corporaciones jueguen un rol central. Ellas serán protagonistas –para bien o para mal- en dar forma al futuro de nuestras sociedades y necesitamos que estén a la vanguardia en el desarrollo de un futuro bajo en carbono.

Entonces, qué tipo de patrones de interpretación convienen ser usados para ser más efectivos y atractivos para las empresas?

“Los inversores no pueden seguir ignorando el cambio climático”: esa fue la frase de apertura del reporte de Blackrock Investment Institute titulado “Adaptando los portfolios al cambio climático – Implicancias y estrategias para todos los inversores”. En el mismo se analizan los riesgos y las oportunidades que presenta el cambio climático desde la vista de los inversores y les recomienda aprovechar las herramientas de inversión relacionadas con el clima.

Pero este es solo un ejemplo entre muchos del tipo de mensajes que pueden impactar al mundo corporativo. Con inversores consientes de los riesgos a mediano y largo plazo, y de los cambios en políticas y regulaciones que se avecinan, se puede lograr un impacto mayor en las transformaciones estratégicas de las corporaciones y los mercados en general. Necesitamos framings que sepan explotar esas realidades para acelerar las inversiones que generen un cambio hacia una economía baja en carbono y con mayor eficiencia energética.

Al mismo tiempo, un framing que explique a los empresarios claramente, y desde una visión práctica, la lógica para frenar las inversiones en combustibles fósiles puede resultar también muy útil. “Las compañías de combustibles fósiles están arriesgando desperdiciar hasta USD2.2 billones en las próxima década, arriesgando retornos sustancialmente más bajos a sus inversores, al encarar proyectos que pueden no ser rentables debido a una tormenta perfecta de factores que incluyen acción internacional para limitar el cambio climático a 2˚C y avances rápidos en tecnologías limpias”, aseguró Carbon Tracker Initiative en un reporte que detalla cómo las empresas de combustibles fósiles están arriesgando destruir los retornos de sus propios inversores al no tener en cuenta los riesgos antes mencionados.

Además de los inversores y los accionistas, los CEOs son el público más relevante para tratar de alcanzar, porque son los que van a tomar las decisiones y liderar el proceso de transformación de las empresas en este nuevo contexto global.

Así como para llegar a los inversores y accionistas es necesario un framing orientado a retornos y riesgos u oportunidades de inversión, cuando se enfoca en los CEOs hay que utilizar ese framing pero potenciarlo con una visión más holística que aborde la relación del cambio climático con la pobreza, la seguridad alimentaria, los riesgos a la salud y la desigualdad de la mano de una visión más positiva que involucre la modernización, la independencia energética y los empleos verdes. El marco argumentativo tiene que mostrar, por un lado, la relevancia social de combatir al cambio climático y, por el otro, la relevancia económica a nivel de competitividad, empleos e innovación.

“Hay muchas oportunidades en las empresas para ser pioneros en innovaciones que beneficien tanto a la sociedad como a la competitividad de la propia compañía que pueden surgir en la oferta de producto y en la cadena de valor”, afirmaron Michael E. Porter y Mark R. Kramer en un paper de Harvard Business Review que se enfoca en la conexión entre las ventajas competitivas de las empresas y la responsabilidad social corporativa. Los autores analizan las cuestiones sociales y ambientales que pueden reforzar la competitividad de una empresa e incluso posicionarlos como líderes de mercados por reaccionar con mayor velocidad que sus competidores a los problemas que enfrenta la sociedad (y, en este caso, el planeta en tu totalidad). “Al enfocarse estratégicamente en los temas medioambientales, sociales y de gobernanza que son más relevantes para brindar valor a sus accionistas, las firmas pueden potenciar la performance financiera al mismo tiempo que potencian la performance social y ambiental de la empresa”, explicaron Robert G. Eccles y George Serafeim en un paper enfocado en “innovar para una estrategia sostenible”, cuyo objetivo es que las empresas entiendan el valor estratégico de innovar en productos, procesos y modelos de negocio que atiendan las necesidades de todos los stakeholders: inversores, empleados, clientes, gobiernos, ONGs y la sociedad en su conjunto.

Ese tipo de framing que mezcla competitividad estratégica y valor financiero es el que puede llegar a calar hondo en los CEOs de firmas globales (sumado a las visiones más extendidas de reputación, responsabilidad social corporativa y gestión de riesgos) que van a ser fundamentales para enfrentar el desafío global del cambio climático.

Sacar la responsabilidad de los individuos y ponerla en las empresas como actores sociales clave y con más capacidad de impacto

“Un énfasis en el cambio de comportamiento individual puede no ser la forma más efectiva de enfrentar la relación de la sociedad con el cambio climático” (Uzzell 2008)

Una vez que se entiende cual es el framing adecuado para hablarle al mundo empresarial global, es importante empezar a desmitificar una visión ambiental que pone en el centro a los cambios cotidianos de las personas como el factor fundamental de transformación necesario para enfrentar los problemas ambientales.

Algo que no tiene en cuenta Elizabeth Shove en su paper “Beyond the ABC: climate change policy and theories of social change”, es que las empresas son uno de los actores sociales más relevantes de la actualidad y hay que entenderlos y analizarlos como tales.

“La popularidad del marco ABC es una muestra de la extensión en la cual la responsabilidad para responder al cambio climático se considera que se encuentra en los individuos cuyas elecciones de comportamiento generarán una diferencia”, critica Shove, asegurando que ese enfoque permite mantener una posición política para ocultar las responsabilidades de los gobiernos que mantienen instituciones económicas y estilos de vida insostenibles. Pero a la hora de mirar a los actores sociales clave, Shove parece solo distinguir individuos y gobierno, sin tener en cuenta al sector corporativo.

Un enfoque social de cambio para frenar el cambio climático no puede quedarse solo en analizar lo que los responsables de políticas públicas pueden hacer para cambiar los comportamientos de las personas o cómo convencer a la gente de hacer sacrificios por el bien común. Hay que tener en cuenta que la demanda y los patrones de consumo de los individuos están en mayor medida determinados por la oferta y el marketing de las grandes empresas. Y son esas grandes corporaciones las que, en mayor o menor medida, pueden moldear los estilos de vida de las personas. Al mismo tiempo, en cuestiones de fondo como, por ejemplo, cambiar la matriz energética de un país, los comportamientos individuales no juegan un rol preponderante.

Es necesario incorporar a las empresas cómo actores sociales clave y pensar cómo podemos cambiar la toma de decisiones de las compañías para que tengan en cuenta el desafío del cambio climático. La Sustainable Consumption Round Table de Reino Unido propuso que la mejor forma de promover un comportamiento amigable con el medio ambiente es incorporar soluciones en la vida diaria de las personas que les faciliten ese comportamiento. Entonces, por un lado, las empresas tienen que liderar el desarrollo de esas soluciones (con los incentivos necesarios de parte del gobierno, claro está), y por otro lado, es clave que el mundo corporativo empiece lo antes posible a dejar de invertir en combustibles fósiles, poniendo su capital en favor de las energías limpias y modelos de producción más sostenibles.

Sin el apoyo del sector empresarial como actor social, será muy complicado acelerar la transición necesaria hacia una economía baja en carbono ya que estaríamos dependiendo de que los gobiernos encuentren herramientas regulatorias efectivas y sabemos que es muy difícil de realizar sin el apoyo de los mercados y de las empresas líderes de cada país.

Shove concluye que, a través del modelo ABC, es muy simple lograr que se mantenga el énfasis en el cambio individual que brinda una gran ventaja política para los que quieran sostener el status quo. Es mucho más simple enfocarse en las personas y sus estilos de vida –apuntando la responsabilidad en la gente- que llevar a cabo los cambios políticos y económicos de fondo necesarios para frenar el calentamiento de la tierra.

“No puede haber soluciones locales a problemas originados y vigorizados globalmente”, aseguró Bauman y es justamente el alcance global de las empresas multinacionales lo que las coloca como actores sociales extremadamente relevantes para enfrentar el problema del cambio climático.

Mientras nos cansamos de esperar por una toma de la Bastilla verde, Beck se pregunta: “cómo puede una especie de solidaridad cosmopolita entre fronteras convertirse en realidad, una transformación hacia sociedades más verdes, que es un prerrequisito para la transicionalidad política necesaria para el cambio climático?

Y en ese sentido, hay que buscar opciones para crear las condiciones de cambio que la sociedad necesita para enfrentar quizás el desafío más complejo hasta el momento debido a su extensión, globalidad, interconexión, incertidumbre. Dejar actores sociales clave como las empresas fuera de ese análisis de una transformación necesaria solo puede llevar al fracaso.

Por un lado, las empresas juegan un rol clave en cambiar a los individuos y la economía y, por el otro, cómo hacemos para cambiar a las empresas?

Resolver la brecha valores-acción aplicada a empresas y a CEOs
Según instauró James Blake, la brecha entre valores y acción se refiere al dilema de la gente con valores “verdes” pero que no siempre actúa en consonancia con ellos. Una vez que identificamos a las empresas como actores sociales relevantes (y dejando de lado la discutible suposición que los valores se traducen siempre en acciones, algo que tampoco se certifica con el modelo ABC), es importante analizar cómo lograr cerrar esa brecha en el mundo corporativo.

Desde el lado de los inversores, y como vimos anteriormente, estamos en una etapa donde el framing es la clave para que entiendan que debe importarles el cambio climático como riesgo financiero y oportunidad de negocios.

Pero también es interesante empezar en enfocarse en los CEOs o directores de las empresas. En general puede decirse que se trata de personas con un alto nivel educativo y con acceso a fuentes de información variada donde el cambio climático no es discutido ni minimizado. Muchas veces a esos mismos CEOs pueden vérselos apoyando causas ambientales o fundaciones con objetivos de lucha contra el cambio climático, pero a la hora de mirar sus propias acciones corporativas, dejan mucho que desear.

Por un lado, los CEOs necesitan las herramientas (y ahí entra el framing que hablamos antes) que les permitan convencer a sus accionistas de que adaptarse al cambio climático es un buen negocio e invertir en mitigación una gran oportunidad. Por el otro, lamentablemente el mundo corporativo está atado al corto plazo donde lo único relevante parece ser la presentación de resultados trimestrales y cómo estos impactan en el valor de la acción. Es realmente muy difícil para un CEOs mirar al largo plazo cuando las reglas del capitalismo financiero marcadas por Wall Street no les permiten escapar del corto plazo.

Iniciativas como las de Harvard Business Review que incorporaron la gobernanza ambiental y social cómo factores en su ranking de los mejores CEOs, son interesante para lograr cambiar el foco de atención y los parámetros mediante los cuales se miden sus performances.

Pero esas iniciativas por más que puedan aportar, se van a quedar cortas si las reglas financieras de fondo obligan a los CEOs a mirar al corto plazo. Por más que tengamos el mejor framing para promover sus valores y que estén realmente informados sobre los riesgos y oportunidades del cambio climático, se necesita investigar más en qué otros incentivos pueden facilitar la acción de los ejecutivos más importantes del mundo.

Las empresas (ya sean grandes corporaciones como pequeñas startups) tienen la capacidad, recursos, escala y velocidad necesarias para muchas veces resolver problemas económicos, sociales y ambientales que pueden ser demasiado desafiantes para los gobiernos y a la sociedad civil. El mundo corporativo tiene el músculo financiero para hacer inversiones a largo plazo, una escala global cada vez mayor, grandes estructuras de gestión e importantes cadenas de valor para obtener los recursos necesarios. Por eso, tener en cuenta a las empresas como actores sociales fundamentales para enfrentar el cambio climático puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso en frenar el calentamiento global a tiempo.

EN 2016 CURSÉ LA ESPECIALIZACIÓN EN DERECHO Y ECONOMÍA DEL CAMBIO CLIMÁTICO DE FLACSO ARGENTINA Y HACE ALGUNOS AÑOS VENGO TRABAJANDO DESDE LA GSMA EN RESPONSBILIDAD SOCIAL CORPORATIVA Y EL APORTE DE LA INDUSTRIA MÓVIL A LA PROTECCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE. A SU VEZ, ESTUDIÉ ESTOS AÑOS RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA EN DI TELLA, CAECE Y HARVARD BUSINESS SCHOOL. ESTE ARTÍCULO ES UN TRABAJO DE LA MATERIA “SOCIOLOGÍA DEL CAMBIO CLIMÁTICO” PARA FLACSO QUE UNE AMBOS TEMAS Y ESPERO LES INTERESE :)

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