Este año comencé la especialización en Derecho y Economía del Cambio Climático de FLACSO Argentina y hace algunos años vengo trabajando desde la GSMA en desechos electrónicos y el aporte de la industria móvil a la protección del medio ambiente. Este artículo es un trabajo para FLACSO que une ambos temas y espero les interese :)

La basura electrónica es el tipo de desecho que más crece en el mundo, con lo cual es necesario desarrollar sistemas de reciclaje apropiados para bajar la inmensa demanda de metales que los aparatos requieren y el alto consumo energético que la industria minera genera. Aprovechar la oportunidad de negocio de recuperar los metales en los equipos será la clave para garantizar una producción sostenible de la industria.

Hay más personas en el mundo con acceso a un celular que a un cepillo de dientes o a un inodoro. Por más que suene absurdo, eso aseguró la Organización Mundial de la Salud, y si ampliamos ese dato a otros aparatos electrónicos como computadoras de escritorio, laptops, heladeras, impresoras, aires acondicionados, televisores, entre muchos otros equipos, los números aumentan aún más.

Los dispositivos electrónicos revolucionaron la vida de las personas y la economía del mundo con mejoras productivas, avances de conectividad inmensos, y soluciones nunca antes previstas. Se los puede ver como protagonistas en nuestras casas, hospitales, oficinas, sistemas de transporte y redes de comunicación. Pero su impacto socio-económico no es sólo positivo: los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) son el tipo de desecho de más rápido crecimiento a nivel global.

Los avances en la producción de equipos electrónicos de las últimas décadas, por parte de los fabricantes (con las empresas Chinas a la cabeza), han significado un gran aumento en escala y una baja en los costes hasta niveles nunca antes vistos, permitiendo que miles de millones de personas accedan a los distintos aparatos (sobre todo por parte de las nuevas clases medias de los países en desarrollo). Pero esta expansión masiva de venta y uso de dispositivos electrónicos de todos los tamaños y colores, trae un gran desafío a la hora de gestionar sus desechos; con aparatos que suelen tener una vida útil corta y que contienen materiales peligrosos, pero también muy valiosos.

Según datos de la Universidad de Naciones Unidas, en 2014 se generaron casi 42 millones de toneladas métricas de basura electrónica, de las cuales apenas 3,9 millones pertenecieron a América Latina. Este dato es el peso total de los RAEE que fueron desechados antes que se realice cualquier actividad luego del descarte, como pueden ser la recolección, reutilización o el reciclado. Esto significa que, en promedio, cada persona del planeta está desechando unos 5.6 kilos de basura electrónica por año y cada argentino casi 7 kilos anuales, por encima de la media global. Cuando nos enfocamos en Latinoamérica y comparamos los datos de 2009 con la proyección de 2018, se espera que haya una tasa de crecimiento de los RAEE del 70%.

Se calcula que los artefactos electrónicos demandan para su fabricación alrededor de 320 toneladas de oro y 7.500 toneladas de plata por año, además de metales como estaño, cobre, paladio, cobalto y varios otros que muchas veces son extraídos en condiciones precarias en países en desarrollo. Según estudios desarrollados por la Unión Europea, los equipos eléctricos y electrónicos se encuentran compuestos en promedio por:

  • 25% componentes recuperables.
  • 72% de materiales reciclables (plásticos, metales ferrosos,aluminio, cobre, oro, níquel, estaño de las placas).
  • 3% elementos potencialmente tóxicos (plomo, mercurio, berilio, selenio, cadmio, cromo, sustancias halogenadas, clorofluocarbonos, bifenilos policlorados, policloruros devinilo, ignífugos comoarsénico y amianto, entre otros componentes).

Entonces, analizando los componentes de estos equipos y pensando en su descarte, se generan tres tipos de efectos: contaminación del suelo, aire y agua con sustancias tóxicas cuando se los tira en vertederos como basura convencional; afectación a la salud de las personas en países en desarrollo, que buscan obtener sin conocimientos técnicos o las herramientas adecuadas algunos de sus materiales como plásticos, metales y vidrios; y grandes consumos de energía y recursos naturales, ante la falta de procesos de reciclado simples, rentables y seguros para las personas y de baja contaminación.

En cuanto al consumo de energía y agua proveniente de la manufactura, la situación es también preocupante: se estima que para fabricar una PC con pantalla de 17 pulgadas se consume240kg de combustible fósil, 22kg de productos químicos y unos 1500 litros de agua.

La industria de aparatos electrónicos tampoco escapa a la polémica general por la contaminación, producto de la minería junto con la explotación laboral, el trabajo infantil, las violaciones de derechos humanos y los conflictos armados (quizás el más destacado sea el del cobalto y coltán en la República Democrática del Congo).

Desechos electrónicos y cambio climático
Entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas se puede encontrar el Objetivo 12 “Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles” dentro del cual la gestión adecuada de los desechos electrónicos es un factor clave. Para el 2030, el objetivo es “disminuir de manera sustancial la generación de desechos mediante políticas de prevención, reducción, reciclaje y reutilización”. Pero, con mucha conciencia de su interrelación, el siguiente ODS es el Objetivo 13: “Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”.
Naciones Unidas parece haber entendido el fuerte enlace entre un manejo adecuado de los desechos y la mitigación del cambio climático. En ese sentido, ¿de qué forma se relaciona la gestión de los desechos electrónicos con el cambio climático?

  • Emisiones primarias: algunos equipos electrónicos están compuestos por sustancias peligrosas (sobre todo en sistemas de refrigeración) que son nocivas para la capa de ozono, como los hidroclorofluorocarbonos. Es importante evitar que se liberen de forma accidental durante la recolección o tratamientos de reciclaje mal hechos.
  • Emisiones secundarias: como resultado de un tratamiento inadecuado (por ejemplo quemando los equipos), algunas sustancias de los desechos electrónicos pueden tener reacciones peligrosas para el medio ambiente.
  • Emisiones terciarias: sustancias peligrosas que se utilizan durante el proceso de reciclaje y que se liberan por un manejo ineficiente.

Ahora bien, a estas emisiones relacionadas con el tratamiento de la basura electrónica, hay que sumarle el impacto de la industria en cuanto a demanda de metales y consumo de energía para su producción. La producción primaria producto de la minería, fundición y refinamiento de los metales tiene un impacto significativo en emisiones. La huella ambiental de la producción primaria de metales es enorme sobre todo en los metales preciosos y especiales que requiere la industria tecnológica, los cuales tienen una concentración baja en las rocas, generando que sean más difíciles de extraer. Por la actividad minera de metales primarios, se está destruyendo porciones de tierra, contaminando el agua y emitiendo dióxido de azufre. La minería es también una de las actividades con mayor consumo de energía, resultando en enormes emisiones de CO2.

Las emisiones estimadas de la producción primaria de algunos metales importantes para la industria tecnológica (como oro, plata, cobre, cobalto, estaño, paladio, platino) se calcula que alcanza unas 23,4 toneladas métricas de CO2 anuales, aproximadamente 1/1000 de las emisiones de CO2 globales. Y esos números no tienen en cuenta las emisiones derivadas de la fabricación de los equipos.

Según el Dr. Arturo Gavilán García, -Director de Investigación para el Manejo Sustentable de Sustancias Químicas, Productos y Residuos del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático- existe un potencial de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero 10 veces mayor entre incrementar el uso de metales reciclados de aparatos electrónicos frente al uso de materiales vírgenes. Mirando tan sólo la producción de televisores, el especialista revela que se emiten más de 200 millones de toneladas de dióxido de carbono o gases equivalentes a la atmósfera por año.

Volviendo a citar a Naciones Unidas y su meta global de desarrollo sostenible, “el objetivo del consumo y la producción sostenibles es hacer más y mejores cosas con menos recursos, incrementando las ganancias netas de bienestar de las actividades económicas mediante la reducción de la utilización de los recursos, la degradación y la contaminación durante todo el ciclo de vida, logrando al mismo tiempo una mejor calidad de vida”.

Gestión del fin del ciclo de vida y minería urbana
Queda claro que la demanda por metales, la manufactura de los equipos y la gran cantidad de desechos electrónicos que son descartados en vertederos y basurales a cielo abierto impactan en el cambio climático y la contaminación. Para trabajar, entonces, en la mitigación del cambio climático, es importante desarrollar cadenas de reciclaje y fomentar el mercado de recicladores y tratadores de residuos.

En América Latina, la falta de infraestructura de reciclaje hace que la mayor partede la basura electrónica se exporte a Estados Unidos o Europa para su correcto tratamiento (aportando también a las emisiones de transporte respectivas). Por eso, es necesario promover (y en algunos casos crear) un mercado que brinde los incentivos económicos indicados para que se genere una recolección de los desechos electrónicos y modelos de negocio sostenible para la industria de reciclaje.

Según el Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos y su eliminación, mejorar las prácticas en el tratamiento de residuos peligrosos y otros residuos, ofrece una oportunidad para apoyar el logro de los objetivos nacionales sobre cambio climático y, producción y uso de energía.

Todavía son muchos los países en América Latina que no cuentan con una ley nacional sobre RAEE (entre ellos Argentina) con lo cual la mayoría de las iniciativas actuales se logran por acuerdos voluntarios entre las empresas y el sector público, pero muchas veces con ciertos vacíos legales que impiden institucionalizar el correcto tratamiento en el fin del ciclo de vida de los equipos.

Es fundamental que los países puedan desarrollar sistemas de logística y procesos de reciclaje apropiados en toda la cadena, los cuales estén basados en la responsabilidad extendida del productor (REP). Este principio implica que cada uno de los actores de la industria (fabricantes, productores, importadores, distribuidores, comercializadores) cuente con su cuota justa de responsabilidad en la correcta recolección, transporte y tratamiento de los residuos.

Recuperar los materiales genera sólo un porcentaje menor de emisiones comparado con la minería primaria: por ejemplo, la producción de 1kg de aluminio mediante reciclado usa solo un 1/10 o menos de la energía requerida para su producción primaria y previene la creación de 1,3kg de residuos de bauxita y 2kg de emisiones de CO2. Y para metales preciosos la prevención de emisiones es aún mucho mayor.

Se calcula que una tonelada de mena de oro contiene 5 gramos de oro mientras que una tonelada de celulares contiene 400 gramos. Los beneficios que brinda la llamada minería urbana no son sólo comerciales sino que aporta un doble impacto positivo: por un lado permite la recuperación de metales cada vez más escasos (y que tienen un alto impacto ambiental cuando son extraídos) y, por el otro, evita que los residuos contaminen el medio ambiente al ser desechados en basurales abiertos o rellenos sanitarios. Por esta razón, se debe empezar a mirar a los desechos electrónicos con una perspectiva de manejo de recursos más que de manejo de desechos: la oportunidad es enorme y las estimaciones aseguran que el valor del oro y la plata en los depósitos de RAEE globales alcanzarían 21 mil millones de dólares.

A su vez, trabajar con los fabricantes de los equipos para que utilicen materiales menos dañinos y que sean cada vez más fáciles de reciclar, es un proceso que necesita darse a nivel global. Lo mismo aplica a la eficiencia energética de los aparatos (sobre todo en aires acondicionados). La Unión Internacional de Telecomunicaciones (la agencia de Naciones Unidas para el sector) está trabajando en iniciativas como el eco-rating para que haya un estándar en toda la industria para comunicar a los consumidores cuando un producto es “verde”.

Como en muchos desafíos ambientales, la concientización también juega un rol preponderante a la hora de explicar a los consumidores y usuarios su responsabilidad en el descarte adecuado de los equipos electrónicos. Fomentar el reúso de los productos, el mercado de usados y la reparación es clave para disminuir la velocidad de recambio que se encuentra en niveles alarmantes, sobre todo en los países desarrollados. Las actualizaciones de software que puedan alargar la vida útil de los dispositivos son cada vez más requeridas.

Pero más allá de abordar todos estos desafíos que generan los aparatos electrónicos, no hay que dejar de lado la oportunidad que ofrece la tecnología para reducir emisiones en la vida cotidiana y la industria, cambiando comportamientos en las formas de transporte, compras, tele-trabajo, comunicaciones remotas, brindando los sistemas para optimizar procesos o el reemplazo de productos y servicios con equivalentes virtuales. La innovación y las soluciones de “ciudades inteligentes” (que mejorarán las infraestructuras de energía, transporte y servicios públicos) van a ser las que permitan mitigar emisiones por parte de los grandes centros urbanos.

Sin dudas, la industria de los aparatos eléctricos y electrónicos está inmersa en nuestro estilo de vida moderno y esa tendencia sólo tiene estimaciones de continuar su senda de crecimiento. Por eso, la forma en que gestionemos nuestros desechos electrónicos determinará a futuro la demanda de metales y minerales, y será un factor clave para bajar la contaminación y el consumo de energía con el objetivo de frenar las emisiones y luchar contra el cambio climático.

Biobliografía
Electronic industry & e-waste recycling: an underestimated contribution to climate change mitigation strategies – Federico Magalini, Ruediger Kuerhr – United Nations University, Institute for Sustainability and Peace
La basura electrónica y la contaminación ambiental – Luis Hidalgo Aguilera
C.P. Balde, R. Kuehr, K. Blumenthal, S. Fondeur Gill, M. Kern, P. Micheli, E. Magpantay, J. Huisman (2015), E-waste statistics: Guidelines on classifications, reporting and indicators. United Nations University, IAS – SCYCLE, Bonn, Germany. 2015.
“Destino final de los equipos electrónicos obsoletos de usuarios corporativos de TIC en Argentina” – Enero 2010 – RELAC, IDRC – Verónica Tufró
eWaste en América Latina: El aporte de los operadores móviles en la reducción de la basura electrónica – Estudio de casos – Mayo 2014 – GSMA

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