Recién terminé de ver el documental Digital Nation de Douglas Rushkoff (el autor del libro Life inc. que comenté hace poco) que abarca temas como multitasking, los chicos adictos a internet en Corea del Sur (los llama “las primeras bajas de la revolución digital” y hasta nos hace sentir mal por apoyar programas como OLPC :P), Second Life y realidad virtual, entre otros.

Es interesante que los estudios muestran que hay más actividad cerebral cuando googleamos que cuento leemos un libro pero ni siquiera los científicos tienen en claro si eso significa que las conclusiones deben ser positivas. Pero una de las conclusiones dice que los que hacen multitasking tienen una cosa en común: que piensan que son buenísimos en multitasking pero la verdad es que son un desastre. Tampoco hay que dejar de notar que no es lo mismo hablar de multitasking cuando twitteamos, chequeamos el mail y escribimos en un blog al mismo tiempo que cuando manejamos y mandamos un SMS. Después de estas breves reflexiones (que de hecho hice en modo multitasking mientras iban cargando las distintas partes del video) les dejo lo que ya dijo la genial Dreig sobre el tema:

El debate continúa, posiblemente porque sea pronto para resolver definitivamente sobre los efectos en la cognición de un medio que no tiene más que 5 años de evolución para el usuario medio. ¿Internet nos hace más inteligentes o deteriora, en general o algunos aspectos de nuestra forma de atender, procesar, elaborar información, conocimiento sobre el mundo?

La investigación es ambigua y en algunos casos interesada, pero de entre las más relevantes, la de Gary Hall, monitoreando y dibujando las distintas zonas del cerebro que se activan respectivamente cuando navegamos (“googleamos”) o leemos un libro, parece apoyar que como mínimo, se trata de actividades que hacen trabajar nuestros cerebros de forma muy diferente.

Sorprenden también los alumnos de Sherry Turkle, mítica autora y profesora en el MIT que destaca el multitasking en colegios tecnológicos, la dificultad para mantener la atención cuando se permite, como allí, que los alumnos lleven laptops a las aulas.

Una curiosa aplicación para que el profesor “espíe” lo que los alumnos hacen en los laptops o la saludable recomendación de Sherry Turkle sobre el necesario “momento nescafé” (unas horas de foco) también son elementos destacables.

Guardo lo mejor leído de Sherry para un post posterior, sobre Thoreau y cómo estaríamos haciendo complicadas sus tres observaciones sobre la felicidad y realización del ser humano en la posmodernidad.

Clifford Nass,  introduce la idea del cambio en la expresión escrita, hacia pequeños párrafos, casi pequeños “snippets” que sustituyen trabajos más largos, profundos y, en general, elaborados. Mark Bauerlein, autor de “The Dumbest generation” nos habla de “my next idea”, de la expresión con pocas palabras, siempre buscando la próxima idea.

¿No será un problema de formato, de dieta cognitiva, como diría mi maestro-amigo Piscitelli?

Mark Prensky, Henry Jenkins se manifiestan en esa línea “postguttenberguiana” : quizás el libro y la expresión escrita no sean las mejores formas de aprender / crear para la iGeneration.

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