Acabo de publicar un nuevo post en OJB (un blog británico sobre periodismo digital) titulado The precarization of journalism in Argentina (muchísimas gracias a Facundo que me ayudó con el inglés) donde cuento el caso de Magia Crítica, un blog de Crítica de la Argentina que fue cerrado luego que su autor reclamara que le vuelvan a pagar mensualmente (al principio facturaba por mes pero como no tenía tráfico le dijeron que lo cerraban o se podía quedar sin cobrar). Usé este caso tan sólo como uno de los tantos ejemplos de periodistas bastardeados en redacciones ya sean tradicionales o digitales.

Acá tienen la opinión del autor sobre lo sucedido para que lean pero obviamente había que darle derecho a réplica a Nerina Sturgeon, jefa de Crítica digital y acá reproduzco su versión de la historia:

Cuando Alejandro Agostinelli vino con su propuesta de blog a Crítica de la Argentina las condiciones fueron claras: una facturación mensual por el servicio en tanto y en cuanto éste funcionara. Es decir, un blogger le facturaba a Crítica de la Argentina a condición —como toda sección en cualquier diario del mundo— que el blog tuviera repercusión en el público. No fue el caso de Magia Crítica (como tampoco lo fue el de Lavanda Punk y Cocina en Espiral, por citar otros dos ejemplos en los que sucedió lo mismo ). Jamás hubo una relación de dependencia entre la empresa y el blogger.

Durante algunos meses le fui mostrando a Agostinelli que los números de visitantes a su blog no eran óptimos. En ese sentido, tuve personalmente dos reuniones con él para analizar los contenidos de sus post y ver la posibilidad de encontrarle la vuelta para que sean de mayor atracción al lector. Tampoco funcionó.

Como le expliqué a propio Agostinelli, en mi caracter de responsable de los contenidos del diario digital elijo qué es lo mejor para mantener la audiencia. Para Agostinelli es una cuestión de “morbo” decidir si algo es publicable o no; para mi, es el trabajo que tengo que hacer y para lo que Crítica de la Argentina considera que estoy capacitada. De hecho hace dos años que dirijo el diario digital y estamos posicionados como el cuarto medio más leído en internet.

Tiempo más tarde, y como Magia Crítica no levantaba la audiencia le informé a Agostinelli que, dado que no se cumplió con los objetivos, el blog iba a ser levantado y cesaba la facturación. Le ofrecí, no obstante, (como a Lavanda Punk, a Cocina en Espiral, Barbarella, y otros) mantener el espacio en el diario pero sin erogación por parte del mismo. Fui muy clara a la hora de explicarle esta opción (de decirle que no cobraría por ello) ya que estoy al tanto de que cada post es un trabajo creativo por parte del blogger, que además lleva tiempo, y que sería justo que él no quisiera aparecer más en el diario. También quedó abierta la posibilidad de que consiguiera sus propios auspiciantes, como fue, en su momento, el caso del blog Cómo dejar de Fumar.

La respuesta de Agostinelli fue que quería seguir y que vería de qué manera lo sostenía. Así quedó el nuevo contrato con el blogger. Crítica de la Argentina le daba un espacio en un diario nacional de manera gratuita. Confié que la palabra de Agostinelli y la mía eran suficientes.

Pero unos meses más tarde, recibo de Agostinelli un mail pseudoamenazante en el que me reclamaba la reanudación del pago por los servicios de su blog (nunca hubo un “sueldo”), entre otras cosas (que no quiero que se publiquen porque, a diferencia de él, no tengo necesidad de difamarlo ni divulgar información que, considero, se encuadra en el índole privada). El contrato de palabra se había roto.

Eso fue lo que pasó. No hubo censura, ni “cierre de un blog” (el blog y sus contenidos siguen siendo de Agostinelli y lo puede publicar donde quiera) ni ensañamiento de mi parte, simplemente hice lo que consideré justo ante la ruptura del contrato de palabra que habíamos establecido. E insisto, hubo otros bloggers que aceptaron las reglas desde el principio, siguen publicando en el diario digital y mantenemos una relación cordial. No fue el caso de Agostinelli.

Comentarios en: "Qué pasó con Magia Crítica y la precarización del periodismo en Argentina" (6)

  1. Mis reclamos no fueron difamatorios sino una descripción de los sucesos desde mi punto de vista.
    No me voy a reiterar, pero sí quiero contestar varias tergiversaciones: realicé un blog a pedido del diario Crítica de la Argentina. El blog nunca fue de mi propiedad: “Magia Crítica es un blog exclusivo de Crítica de la Argentina © 2008. Todos los derechos reservados”, informa Crítica al pie del blog. Esto sólo puede significar lo evidente: Magia Crítica era parte de los contenidos de Crítica Digital.
    “Jamás hubo una relación de dependencia entre la empresa y el blogger”, escribe Sturgeon. No sé si escribió esa frase sin sonrojarse. La editora de Crítica Digital reitera lo que afirman todas las empresas periodísticas que desconocen el Estatuto del Periodista (el mismo que invocará ella cuando le convenga).
    Según el Estatuto, que se puede consultar online, colaborador permanente es “aquel que trabaja a destajo en diarios, periódicos, revistas, semanarios, anuarios y agencias noticiosas, por medio de artículos o notas, con firma o sin ella, retribuidos pecuniariamente por unidad o al centímetro, cuando alcance un mínimo de 24 colaboraciones anuales”.

    http://www.fatpren.org.ar/Secciones/Estatuto.htm

    Para septiembre de 2009, en mi carácter de periodista colaborador de Crítica de la Argentina, yo había publicado más de 60 notas.
    Cuando Sturgeon me envió un mail informándome que las visitas que recibía el blog no eran suficientes e iban a suspender “el sistema pago”, no acepté trabajar gratis: le pedí que me transfiriera la administración del blog para conseguir mis propios auspiciantes. Para continuar, yo estaba dispuesto a establecer una nueva relación. Como se comprenderá, esta tarea es imposible de realizar sin tener acceso directo a un panel de control que admnistra el personal de sistemas de la empresa. Sturgeon ignoró sucesivos mails donde le solicité dar curso a estas opciones. Ante su indiferencia, pasado un tiempo le solicité reanudara con el pago mensual. A esto le llama Sturgeon “pseudoamenazas”. Su reacción no fue retomar el diálogo sino levantar el blog sin preaviso. Un gesto de desprecio no sólo hacia el autor sino a los lectores del blog alojado en el diario.

    Sturgeon también escribe: “Crítica de la Argentina le daba (al autor de Magia Crítica) un espacio en un diario nacional de manera gratuita”.

    Aquella definición me ahorra palabras: es toda una declaración de principios sobre el valor que Sturgeon le otorga a la tarea de sus periodistas: deben contentarse con “tener espacio en un diario nacional” ¡sin abonarle por tal privilegio!

    Muchas gracias.

  2. […] Tejiendo redes (respuesta de N. Sturgeon de crítica Digital y réplica del autor). […]

  3. Luis Rodríguez dijo:

    Una vergüenza lo que dice Sturgeon. Habla como un capataz de estancia y no como una periodista, que debiera tratar con un mínimo de respeto a un colega. Decir que no había relación de dependencia entre Agostinelli y Crítica es de un cinismo alarmante. De ese modo, ella misma está matando ese “periodismo digital” en el que tanto dice creer. En realidad, no existe tal cosa. Sólo es periodismo, liso y llano. Ni digital, ni 2.0, ni ninguna otra caracterización que se le quiera poner para diferenciarlo de lo que es regulado por el Estatuto del Periodista y debe ser pagado conforme a tales regulaciones.

  4. […] Maccur y la precarización del periodismo […]

  5. Solapa dijo:

    La respuesta de Agostinelli es clara: según el estatuto, él era colaborador permanente. Eso invalida toda la catarata de palabras baratas y sin fundamento de Sturgeon. Los que alguna vez tuvimos que pasar por ese mal trance, sabemos que trabajar con este personaje es una de las peores cosas que pueden pasarte. No solo porque como profesional es nula, sino porque es, llanamente, una mala persona capaz de todo: mandar al frente a compañeros, recibir premios por notas que no escribió, perseguir gente que se pliega a algún tipo de medida de fuerza o que osa participar de una asamblea, inventar, mentir, discriminar y hasta echar profesionales solo porque pueden llegar a hacerle sombra algún día. Pero sobre todo, es capaz de lamer y lamer hasta que la lengua se le deshace. En su cabecita enmarañada, ella se cree accionista de la empresa en la que “trabaja”. Es como esos colectiveros que le hacen problema a una viejita por una moneda de cinco centavos y no se dan cuenta de que los están explotando. Así es Sturgeon. No se le puede pedir respeto ni consideración hacia sus colegas sencillamente porque ella no es colega de nadie. No es periodista. Es una lamedora profesional. Una colectivera hostil (manejando el Titanic).

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