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Leer

“If librarians were honest, they would say, No one spends time here without being changed…”

Hace ya más de 4 años que no escribo con frecuencia en ningún medio o blog, incluido este espacio, que casi he abandonado (sin embargo, año tras año sigo renovando el dominio pago con esperanza de un cambio). Antes de este periodo, durante más de 5 años escribí de forma diaria y constante cuando estudiaba y trabajaba de periodista. Hoy siento que en mi rol en la GSMA estoy haciendo trabajo con mucho más impacto que el que hacía antes; pero la falta de práctica y la pérdida de costumbre hizo que me cueste horrores sentarme a escribir un post, cuando antes era algo que me salía natural y hasta casi automático con solo hilar un par de ideas juntas.

Sin embargo, pese a haber perdido la costumbre de escribir tan seguido, lo que me tiene feliz es que en este mismo periodo fue cuando más pude leer. Mi frecuencia de lectura aumentó a quizás los niveles más intensos de mi vida y amo haber descubierto tantos nuevos autores y por fin leer tantos clásicos pendientes. Entonces, me deja tranquilo mi laguna de escritura ya que tengo el sentimiento que toda esta lectura cosechará sus frutos en el futuro cuando tenga ganas de volver a escribir más seguido.

Según la Dr Josie Billington, deputy director del Centre for Research into Reading de University of Liverpool, “la lectura puede ofrecer modelos de experiencia más ricos, amplios y complejos, lo cual permite a la gente ver sus propias vidas con una perspectiva y comprensión renovadas“. La doctora investigó mucho cómo impacta la lectura en diferentes enfermedades mentales y encontró muchos beneficios de la lectura en nuestra vida cotidiana: “a las personas que leen les resulta más fácil tomar decisiones, planear y priorizar, y eso se debe a que son más capaces de reconocer que la dificultad y los contratiempos son aspectos inevitables de la vida”. Además, “la investigación demostró que las personas que leen por placer en general reportan menos stress y depresión que los no-lectores” y los lectores “están en promedio más satisfechos con la vida, más felices y es más probable que sientan que las cosas que hacen en la vida valen la pena”. Y también se evidencia un impacto positivo en sentimientos como la empatía ya que la lectura facilita el entendimiento de la perspectiva de los demás y reevaluar los prejuicios.

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Por mi experiencia personal, coincido con todo lo que dice la doctora sobre la lectura. Siento que me desestresa, me permite estar durmiendo cada vez mejor (es clave para dormir bien apagar el celular y la tele un rato antes de ir a dormir y terminar el día leyendo al menos unos minutos) y, pese a que creo que debería estar metido en algún master o programa académico (no tengo tiempo lamentablemente), también pienso que estoy ganando conocimientos que, si bien pueden parecer intangibles, van a repercutir de forma positiva en muchos aspectos de mi vida.

Así como yo perdí el hábito de la escritura, sé que igual de fácil es perder el hábito de lectura así que esto lo escribo tan solo para aportar un granito de arena y ver si incentivo a alguien a volver a leer. Y para terminar, les dejo una pequeña y humilde lista de libros que me gustaron mucho estos últimos años. Podría haberme hecho un poco más el sofisticado pero creo que esta es una buena lista de libros que son disfrutables al 100%. Que disfruten:

  • Un Hombre – Oriana Falacci
  • Por quién doblan las campanas – Ernest Hemingway
  • Esto lo cambia todo – Naomi Klein
  • La gran caza del tiburón – Hunter S. Thompson
  • Nada se opone a la noche – Delphine de Vigan
  • Cumbres borrascosas – Emily Bronte
  • Un cuarto propio – Virginia Woolf
  • Michel Houellebecq – Plataforma

Blanco

Por Gianni Bellone

El personaje está esperando en un banco de plaza verde, de esos despintados, roídos por la humedad, la lluvia y el paso de las sentadas. Vestido, por las dudas, con un piloto marrón y un paraguas, por si llueve. Está sentado hacia el costado del banquito, solo y pequeño deja espacio para que entren los demás, los que vendrán. Siente miedo pero está SEGURO del papel principal, así se lo prometieron alguna vez. En la espera busca una protagonista entre la gente y juega con sus piernas moviéndolas hacia los lados, como se mueve un árbol de plaza en un día ventoso. Mira hacia abajo y fija la vista, flaco y chiquito se siente lejos, a kilómetros del piso y de ese mundo que quiere alcanzar: el de las historias contadas. Le gustaría tener una vida maravillosa, llena de finales felices. Sueña con escuchar una voz lejana y grave, que relate en detalle sus caminatas por Plaza Francia en busca de alguna artesanía barata. Quiere recorrer la calle Corrientes y ser el centro, que lo miren, que lo mimen y le digan piropos a él: EL PROTAGONISTA. Y cuando el personaje comienza a entusiasmarse y la historia empieza a desarrollarse con una lógica creíble y una cadencia razonable, el banco se llena de otros, de risas, de historias de otros y… CRACK! algo se quiebra, y él lo escucha y se levanta del banquito y corre desesperado para encontrar la grieta que se abre a sus pies y divide al mundo en dos. Entra en la oscuridad, se desorienta y tiene miedo de perder el papel principal. El personaje se va y con él se borra la risa y se pierden la mueca, el semblante y de a poco todas las expresiones de ese rostro que lo hacen único. Y las palabras vuelan hasta desaparecer y convertirse en nada. No tiene sentido, la historia del personaje que quería ser protagonista se difumina con ese mundo de las historias contadas que ya no saldrán de la pluma, ni de las teclas de nadie. Y cuando del personaje quedan sólo sus nueve letras y un pasado cercano, el escritor se bloquea, sacude su cabeza hacia los lados, como se sacude la ropa colgada del tender en un día ventoso. Mira hacia arriba y busca una respuesta entre las grietas de humedad y se siente lejos, muy lejos de contar una historia. Y cuando escucha que algo se quiebra dentro de él, borra. Las últimas letras vuelan hasta desvanecerse y en la inmensidad del vacío la hoja en blanco lo amenaza y lo invita a ser escritor.
El escritor está sentado frente a la computadora en una silla de madera vieja, de esas olvidadas, comidas por el encierro y el paso del tiempo. Está solo y deja un espacio para lo que vendrá…

El secreto del buen escritor

“Being a good writer is 3% talent and 97% not being distracted by the internet”

Mucha risa me dio esta frase que encontré el el post de 10,000 Words que nos da consejos para mejorar nuestra escritura y concentración ahora que nos saltan alertas e información en tiempo real por todos lados-

“Escribo para cambiarme a mí mismo”

Si yo debiera escribir un libro para comunicar lo que ya pienso antes de haber comenzado a escribirlo, nunca hubiera tenido el coraje de ponerme a ello. Solo escribo porque no sé todavía qué pensar exactamente de esa cosa que tanto me gustaría examinar…Yo soy un experimentador en el sentido de que escribo para cambiarme a mí mismo y dejar de pensar lo mismo que antes.

Texto encontrado por Juan Urrutia en la contra portada del tomo II de Dits et écrits, recopilación de artículos y entrevistas de Michel Foucault.

No hay dogmas para escribir

“En esta [la escritura], como en todas las artes, las recetas no tienen nada que hacer. Jamás debemos confundir reflexiones con dogmas, ni técnicas con preceptos”.

Leido en Taller de corte y correción de Marcelo Di Marco 

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