Publicado primero en Sicrono

En el medio de la reciente campaña electoral para Jefe de Gobierno porteño mi vieja se encontraba escuchando en la tele a un político opositor afirmando que según “datos confiables”, la actual gestión fue la que menos subtes había construido. Pero, claro está, un político oficialista salió a refutar eso asegurando que ellos fueron los que más estaciones de subtes inauguraron. Perpleja, mi madre me mira mientras yo trataba de apurar un sandwich sin ponerme a discutir política con ella y me pregunta: ¿A quién le creo?

Hace rato que no podemos confiar ni en los datos. En cualquier discusión, ya sea política o no, cada uno esgrime sus propios datos y muchas veces pueden llegar hasta a ser contrapuestos. Pero no piensen que eso pasa sólo en Argentina donde gracias a la intervención del Indec ya se generó una desconfianza total por cualquier tipo de estadísticas provengan de donde provengan: les recomiendo seguir de cerca la guerra entre demócratas y republicanos para ver como se tiran de una vereda a otra cada uno con sus propios datos siempre tendenciosos. Miren el caso de Chequeado sino, un proyecto muy interesante que trata de “verificar el discurso público” pero, aún así, en sus conclusiones sobre determinadas afirmaciones de políticos debe usar palabras como “discutible”, “engañoso” o “exagerado”. Nunca es blanco o negro. Ni siquiera con los datos duros.

Este fenómeno de subjetivación de los datos (algún nombre tenía que inventar no?) no es negativo en sí mismo porque, al igual que con el periodismo, la objetividad nunca existió y nos estamos dando cuenta recién ahora. Nos avivamos ahora porque, gracias a las TICs, cada vez los datos duros están más al alcance de todos. De repente, los intermediarios dejaron la escena y quedamos enfrentados a un mar de información inabarcable.

 La era de los datos subjetivos y la opinión transparenteEl caso Wikileaks es gigante en su alcance y, sin embargo, será recordado apenas como uno de los primeros en destapar esta realidad pero al ubicarnos en una etapa de transición pudimos ver como tuvieron que salir a hacer acuerdos con medios tradicionales para lograr verdadera repercusión mundial. No obstante, eso sucedió porque el tipo de información que pudo obtener Assange necesitaba ese tipo de repercusión para trascender. Piensen en ejemplos de información menos sensible políticamente, no hace falta que todo el mundo se entere por la tapa de los diarios de distribución nacional para que una información cobre relevancia al público. Piensen ejemplos más chicos como info de clima, tráfico, acciones, etc. “Un dato vale más que mil palabras“, lanzó James Breiner y recomendó a las publicaciones dedicarse a recolectar “datos relevantes a la misión editorial del medio” porque tienen valor comercial. Si bien -potencialmente- cualquiera puede accederlos, las organizaciones periodísticas tienen la capacidad y los recursos para agarrar datos y presentarlos de la mejor forma al público.

En paralelo, cuando todo puede ser considerado un dato y los mismos se encuentran al alcance de “todos”, la opinión vale: por más que sea barata. Un gran porcentaje de la audiencia sigue queriendo historias empaquetadas (por más que esos paquetes puedan tener formatos más o menos innovadores e interactivos) y redondas en vez de navegar ellos mismos por la info disponible y sacar sus propias conclusiones. Tengan en cuenta que, en este caso, cuando digo opinión no me refiero sólo a una columna con pareceres personales sino mucho más al lema de AlJazeera: “Info – noise + context = journalism”. Y también me refiero a bajar un poco a la realidad esa inmensa marea de datos, no sólo para interpretarlos, sino también para humanizarlos y evitar que la muerte se convierta en una estadística. Entonces, vamos hacia:

1)

Opinión más transparente como valor agregado a ese caudal enorme de información que necesita ser interpretada. El reciente caso de Arrington y TechCrunch demuestra el tipo de debates que vamos a tener cada vez más frecuentes (en realidad no son, en esencia, diferentes a los que siempre debemos dar en cada una de nuestras fuentes de información) y que los lectores van a necesitar tener en cuenta antes de confiar en una publicación. Es probable que se pueda seguir ganando plata en el negocio del contenido sin ser transparentes pero la transparencia va a ser cada vez más fundamental para una publicación que quiera vender credibilidad y, de esa forma, aumentar su reputación: que es un intangible pero que repercute directo en el valor de una empresa.

Muchos dirán -y con razón- que la opinión es barata, pero eso no la hace menos necesaria. Y cuando hablamos de transparencia no nos referimos a ser alguien libre de pecados y prejuicios sino justamente a poner al descubierto esos pecados y prejuicios para que el lector sepa exactamente desde donde se emite un mensaje y no estar escondido detrás de una corporación con lazos inevitables con todo tipo de industrias e instituciones. Siempre vamos a tener conflictos de interés pero es bueno que estén a la luz lo más posible y no olvidemos la gran frase del Indio: “Mientras más alto trepa el monito, así es la vida el culo más se le ve”.

Igual, no piensen que la transparencia va a ser de repente una panacea para la profesión; en todo momento vamos a tener que trabajar para generar confianza. Incluso algunos investigadores aseguran que el famoso “Disclosure” puede tener “efectos perversos” cuando hay un conflicto de interés. Pero, en mi humilde opinión, mejor prevenir que curar en esos casos: las opciones son avisar de antemano si hay un factor que pueda inclinar tu balanza intelectual o directamente tomar la decisión de no cubrir determinado tema (hace falta recordar que es una opción más que válida: hace poco recuerdo el caso de una famosa blogger que cubrió con muchísima obsecuencia y pretendida inocencia un evento político organizado por su pareja y fue tan obvio el conflicto de interés que quedó en ridículo, pese a que seguro no repercutió en su tráfico, ya que la verdad es que sólo un pequeño grupo conocía la situación). Entonces, las preguntas que se hace C.W. Anderson sirven para redondear la problemática:

¿Es buena la transparencia? Sí. ¿Soluciona todos los problemas del periodismo? Por supuesto que no. ¿La transparencia es, como la objetividad, simplemente una meta a la cual apuntar? ¿Qué hacemos cuando la transparencia falla?

2)

Datos mas accesibles pero con la misma inexistente objetividad que desde siempre tuvieron las noticias lo que requerirá que estemos más atentos a sus fuentes y biases. Siento que puede ser un poco apresurada esta afirmación porque lo considero un proceso bastante lento que recién está arrancando y falta mucho para que una mayor cantidad de usuarios puedan realmente apropiarse de estas tecnologías que permiten acceder a los datos. Al mismo tiempo, cuando veo que mi primo de apenas 23 años y que no tiene ni siquiera un gran manejo de su PC accede desde su BlackBerry a cientos (sí cientos) de fuentes de datos que le permiten a diario estar al tanto de todo lo que necesita saber para tomar decisiones informadas de su laburo de trader de productos alimentarios a nivel mundial percibo que ese cambio no está tan lejos.

Para acelerarlo y facilitarlo, es importante desarrollar plataformas lo más intuitivas posibles que ayuden a interpretar y navegar a través de esos datos dirigiéndose a donde a cada uno lo lleven sus intereses individuales según la info. En ese sentido, cada vez es más importante el periodismo de datos y los distintos desarrollos que puedan generar los medios con sus recursos. “La gente anhela una información bien organizada, conveniente y relevante”, afirmó también Breiner. Al salir a defender a su jefe en TechCrunch, MG Siegler escribió un artículo interesante contando la forma en que laburan y terminó haciendo una conclusión bien cruda de la situación:

“Al final, hay una sola cosa que importa: la información. A la gente no le importa como la obtienen, sólo que la obtienen. Si no piensan que pueden confiar en una fuente, encontrarán otra forma de obtenerla. Es realmente así de simple. El mercado decidirá. La información es lo único que importa. Todo el resto es bullshit”.

Pero, por más que me pareció una frase maravillosa, sabemos que información sola no es conocimiento así que, inevitablemente, vamos a volver al primer punto, y el loop seguirá su curso… Que cada una de las partes de este título parezcan un oxímoron refleja el gran desafió que esto plantea.

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