“Tal vez los historiadores puedan advertir el progreso, pero nunca pueden sentirlo aquellos personalmente afectados por el supuesto avance. Los jóvenes nacen en circunstancias progresivas, los viejos las toman como cosa evidente que no necesita ser discutida en pocos meses o años. Al avance nunca sentimos que avanzamos. Cuando los nuevos inventos y adelantos fallan no sentimos gratitud por su existencia, sino irritación por su fracaso. Los hombres no se pasan el día dando gracias a Dios por la existencia de los automóviles; se limitan a maldecir cuando los carburadores se obstruyen”.
1936. Ese año escribió Aldous Huxley la novela “Ciego en Gaza“. Este fragmento entonces tiene 72 años y la vigencia intacta.









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