Tengo que reconocer que no coincido en casi nada con las columnas de Andrés Oppenheimer en La Nación pero esta vez, y como suele hacer con el tema inmigración en Estados Unidos, estuvo muy bien:
“Los 12 millones de inmigrantes indocumentados que viven en el país no sólo deben recibir un trato humanitario, sino que muchos de ellos deberían tener la posibilidad de obtener su residencia legal si realizan trabajos que los estadounidenses no quieren hacer, pagan impuestos y están dispuestos a aprender inglés. Los grupos antiinmigración aducen que sólo están en contra de la “inmigración ilegal”. Pero eso es una falacia, porque la inmigración “legal” es casi imposible para los indocumentados: Estados Unidos otorga menos visas de ingreso que el número de trabajadores no calificados que requiere su mercado”.
Eso si, sigue sin gustarme su sonrisa :P









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