
Tras compartir una comida con Abbas, Bush siguió viaje hacia Belén, en el sur de Cisjordania. Ciudad natal de Jesús, Belén brindaba ayer una imagen fantasmal, con sus comercios cerrados y unos habitantes que ponían tan mala cara como el cielo, pese a recibir la visita de Bush, uno de los dirigentes cristianos más devotos del planeta.








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